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Mostrando las entradas de febrero, 2011
escucho tu nombre con un eco que no retumba en ningún lado,
como en un pentagrama se dibuja el silencio pausado,
extiendo mis brazos ausentes de calor,
te posas tranquilo esperándonos,
miro hacia arriba y encuentro tu rostro
no el de otro, el tuyo;
desfigurada tu lengua expulsa palabras que no entiendo
y ya no eres saeta, ni brujo, solo hombre.
Se me entume el cuerpo de nuevo
y escucho tu nombre en un eco que no retumba en ningún lado,
como si estuvieras muerto,
como si la mañana nunca fuera a llegar.