miércoles, 25 de julio de 2007
don't do that


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Hoy “aquellos maravillosos años” de la habitación roja, un grupo español que conocí por mi amigo chilango, amenizo mis pensamientos y me hizo recordar la preparatoria ya como una historia pasada, algo que a pesar de mis grandes agonías de las cosas pasadas, no afecto; también recordé a pesar de mis esfuerzos por no hacerlo, la partida muy próxima de amigos importantes que se marchan de la ciudad para estudiar. Yo me estaría marchando también, y sigo sin arrepentirme de mi decisión, pero aun así es triste saber de lejanías y siempre lo he dicho. Solo mencionar a mi amigo chilango, menciono una distancia larga que serán tres mil kilómetros; me hace pensar en que las lejanías no son buenas, cuanto me he quejado de ellas, no es cosa por la cual me tenga que morir y se que muchos saben superar este tipo de situaciones, pero entre las muchas cosas para las que yo no soy buena, son las distancias. Las físicas las puedo entender muy bien, eso no se puede evitar, simplemente no puedes estar viajando miles de kilómetros; lo que mas me desespera son esas distancias que aunque estas a un lado de las personas simplemente estas muy muy lejos, De esos vacíos que se acumulan en los silencios, ¡como detesto los silencios incómodos!, insatisfechos, desesperados por un poco de ruido. Tal vez si lo pienso un poco mas detenidamente, lo que me molesta es la incomodidad de la lejanía.
Sí, mi complejidad no la aguanto ni yo misma, y si para algunas cosas soy muy abierta para otras no, como con mis sentimientos, aunque parezca que los se expresar; es necesario repetirlo todas la veces, es cosa muy diferente decirle a alguien cara a cara mis inseguridades y otra muy diferente que lo escriba y que gente que no conozco físicamente lo lea.
Entonces, es mas fácil decir que me molesta que personas que quisiera se abrieran conmigo, no lo hacen y que no puedo comprender como a veces la gente se esmera por entenderme un poco y yo no seda ni un poco de mi interior para los demás y tengo el descaro de quejarme abiertamente de distancias emocionales.
Y de nuevo nos damos cuenta de como una cosa nos lleva a la otra y que escribir no todas las veces es bueno por que descubres nuevas manías, secretos e inseguridades acerca de ti mismo. Hay que estar preparado mentalmente para ponerse a escribir y sobre todo para quejarse de cosas, sobre todo si al final uno se da cuenta que por lo que se quejaba no tiene ningún maldito sentido. Siempre es así, la gente se queja de lo mismo que hace. Y ahora soy una mas, que se queja y que no sabe por que. O al menos, no deseo admitirlo.

S; sin nombre
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SONIA LÓPEZ
28 años
escribir y fotografiar
dormir y vivir...

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