Ir al contenido principal

Escribir en sábados por la mañana.

Un acto de convivir-beber.

No hay mejor día que cuando está llena la casa. El balbuceo constante, las risas, las quejas, la malicia, lo intelectual, la pobreza de espíritu, los espíritus renovados, los espíritus ausentes, los viejos, los jóvenes, los míos, propios, los tuyos, todos uniéndose como viento haciendo un huracán. No, no hay huracanes nunca aquí, brincos diera yo.
En cambio siempre hay eso de la comparación absurda con personajes lideres de creencias extrañas, complejas, que no entiendo pero entiendo mejor de otra forma que la cortamente poseen o en la misma que le adhiere lo general, quien sabe, no lo entiendo tal vez y ya. Así mismo siempre se presentan las sitas mal empleadas, entendidas y no desentendidas. Un concepto detrás de otro y más me rio.
Veo las sombras de discusiones que pudieron tener relevancia, tal vez hasta sentido. Museos, pinturas, literatura, nadie habla de música porque es algo que de lo que no saben por aquí… no, de esos temas no eran esas sombras. Y si lo fueron, siempre me ausento y miro hacia la ventana o a las esquinas donde un aparato siempre te seduce con su brillante idea de hacerte importante, al menos en un espacio como este.
Es extraño decirte perteneciente a un lugar… extraño, no, casual, común y muy básico. No me siento mejor por esto, no me da tranquilidad, ni estabilidad, pero sé que puedo llegar y no ser nada aquí o serlo todo e igual se me va a ignorar. Eso es lo mejor de los mejores días de aquí, eso hasta religioso, bien absurdo, como todo… lo que hay en mí.


Y bueno hoy leí al salir de aquella otra casa con vista invencible y con Goliat dentro, un poema de Benedetti que he leído ya repetidas veces, hoy lo pondré para que estas palabras que no debieron ser escritas pierdan ya de una vez todo el valor que pudieron haber poseído en otro día que no fuese hoy o nunca.



No cabe duda. Ésta es mi casa
aquí sucedo, aquí
me engaño inmensamente.
Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

Llega el otoño y me defiende,
la primavera y me condena.
Tengo millones de huéspedes
que ríen y comen,
copulan y duermen,
juegan y piensan,
millones de huéspedes que se aburren
y tienen pesadillas y ataques de nervios.

No cabe duda. Ésta es mi casa.
Todos los perros y campanarios
pasan frente a ella.
Pero a mi casa la azotan los rayos
y un día se va a partir en dos.

Y yo no sabré dónde guarecerme
porque todas las puertas dan afuera del mundo.



Preguntarme qué pasa cuando me quitan la máscara es lo mismo que verme todos los días reflejada en vosotros, señores arlequines, todos los días. Tanta falsedad agota pero que divertida es.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Si te caigo mal, dimelo por favor :)

Nunca he entendido los códigos éticos que se establecen alrededor de la amistad. Por ejemplo qué no se puede y lo qué sí se puede hacer. Lo digo porque constantemente pierdo amistades o gano menosprecios, supongo que yo soy el común denominador. Es decir, la que se equivoca en estas peripecias que le corresponden a la relación con los otros, soy yo y lo reconozco para mejorar y transformar lo que me parece nocivo, en mí y en los demás que me rodean.
Sabrán, los que me consideran o conocen, que mi sinceridad es mi arma más fuerte y que cuando la uso es para decir verdad.  A pocos les gusta el confrontarse en directo, las palabras honestas y que no están del lado de su pensar o sentir. Pero también tenemos la oportunidad de no estar de acuerdo con nuestras amistades aunque represente un retraso en la relación. Para mi significa la oportunidad de siempre estar re planteando esos códigos, porque no son permanentes ni únicos para todos, en mi caso tengo definiciones bien contrarias de lo qu…

No te aburre, pensar igual que los demás.

La edad asecha a los consciencias torpes que se determinan por el debería y no por el quisiera.  Nosotros decidimos como crear nuestras vidas juntos. A veces decido de tal forma que no todo lo que se construye resulta ideal, en el sentido de que termina siendo un consecuencia negativa para cualquiera de los involucrados. Las personas de las que decido rodearme si bien en un momento tienen su funcionalidad en otros, no sé si por mi empatía desvariada o mi forma tosca de ser, se pierden como cuando pierdes un objeto efímero: un botón, cincuenta centavos.
Pienso en todos ellos, en su mayoría hombres, siempre ha sido así, desde que recuerdo, me rodeo de varones porque me permite una mejor relación, sin esas fracturas sentimentales que poseen todas las mujeres. Eso me ha permitido tener esa ambivalencia entre los géneros que hasta muy tarde aprendí a comprender y que me causa una sensación placentera no verme dentro de los sistemas emocionales, instrumentales femeninos.
Hay veces que realmen…

Platicar después de las 12pm

Dime, ¿cómo has estado realmente?, uno siempre pregunta - ¿cómo estás? - y la respuesta automática es - bien, ¿tu cómo has estado? -
Plantea muchas cosas preguntar cómo se está, siempre pienso en eso y si realmente quiero saber cuándo lo pregunto, a veces si lo pregunto sinceramente, a veces no, mis respuestas siempre son muy irónicas como: "pues estoy", pero es más profunda mi respuesta que eso, porque últimamente he decido lidiar con mi distimia, o no hacer como que no la tengo, apenas el otro día me confesé con mis compañeros de trabajo, en parte para que me entendieran, en parte por empática para sentir aprecio por personas ajenas a mí, pero que son parte de mi rutina laboral.

Analizando la situación a grandes rasgos creo que estudiar filosofía fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, me hizo cambiar y al mismo tiempo reafirmar muchas ideas, esto provoco muchas depresiones que tuve que lidiar sola porque en mi casa siempre han tenido sus problemas para relacionarse …