Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de septiembre, 2010

Tres veces.

En mi cuerpo no hay poema, en mi alma no hay lamento, no hay congojo, no hay ni si quiera un pisca o residuo de que alguna vez hubo estas cosas; no hay en mí pues, la virtud del escritor que afanoso consigue quebrantar y anudar gargantas, acelerar corazones y turbar conciencias.
Yo no tengo poesía en mis manos, ni hago de las letras un acomodo innecesario. Las letras hablan por sí solas y dirán cosas aún más profundas que los pobres versos que tendré que componer para argumentar y defender algo que realmente no quiero ni pensar.
Yo no escribo para el prójimo, para el ardido, para el positivo, escribo para lo insensato, lo negativo y el vacio.
Me sumerjo, me inundo, me ahogo, qué más necesito escribir. Para qué el rebuscamiento.
El viento sopla y se mete corriendo por mi ventana como quien la prisa le obliga a entrar arrebatadamente. El viento tiene cosas por hacer y en su caminar fugitivo se lleva esa caricia de cordura.
Tengo claro que no soy poeta.