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El karma viene y se va.

El tiempo quien sabe si sigue pasando, se suspende de repente, entre el sueño, el desvelo, la borrachera y la misma vida. A veces sola, a veces contigo y otras veces solo pensado.
Pero eso si, ya no pienso en los que no están o no quieren estarlo, de repente se me ocurre que yo debería de buscarlos, pero sigo esperando, esperando. Escojo querer a personas que se me alejan.
Extraño mi casa y ver a mi familia todos los días, me llega de repente como un suspiro cuando van pasando los días y luego ya no escucho sus voces llamándome con cariño porque aunque están a dos horas de distancia siento que están muy lejos, a veces demasiado. No es malo, ni bueno, solo es así.
Hay muchos planes y poca vida o ya no sé si mucha, porque me causa estupor pensar en la existencia completa, me gusta más día por día. 
Mientras aquí en mi escritorio puedo ser yo misma, ni adulto, ni ejemplo de nadie, ni amiga, ni novia. Me cuesta mucho trabajo escribir cuando siempre ha sido la propuesta, apenas llevo tres libros bien leídos este año y un montón de lecturas cortas, pero quiero comerme todas las letras para poder escribirlas para mí. Aunque ya escribí Sunya sigo incompleta en ese aspecto, falta el segundo entonces.
Escribo en una libreta nueva y otro ciclo escolar comienza y yo con él, ya son tres con este que comparto con los muchachos a los que intento enseñar acerca de la vida y porqué debemos cuestionarla, hoy ya se de ese afecto hacia otros por mera convivencia, a ellos que se acercan a mi como una persona que puede escuchar les dedico mi esfuerzo aunque la recompensa por ello no sea monetaria.
Hablaremos más tarde, cuando sea de madrugada, siempre es así.

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