domingo, 21 de febrero de 2010
textos de serpientes


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Y le dije: Claro que me inspiro sin necesidad de estas porquerías que consumo y me enervan. Las manchas de pasta dental en el lava manos del baño de mis padres, la loseta café blancuzca que parece imposible de limpiar en el departamento de Laderas, la pared de ese azul horrendo que pintan solo en los exteriores pero que aún así estaba bien puesta en las paredes interiores del departamento de Insurgentes, y la maldita tierra que le entra siempre a mis zapatos de cuadros. Todo ello me inspira junto con las nubes que parecen resanadas en el cielo. Las piezas sueltas de un ordenador. Las partes de los automóviles que parecen complicadas de volver a colocar en su lugar. El celular enorme, estorboso y morado que contenía apenas diez números, en ese tiempo pocos tenías celular y yo sólo por que el novio de esos días me lo había obsequiado.
Como puedo omitir la oscuridad de mi cuarto mientras incrementaba mi ejército de muertos vivientes en el juego de guerra craft. La respiración profunda de él cuando duerme. El olor a limpio de cuando estaba en primaria y mi madre no trabajaba. El olor a pasto y tierra de cuando jugaba en primavera con ese niño que ya no recuerdo su nombre. Cuando madre ya no estaba.
Los días de playa y primos, de arena y ardor en la piel, así como cualquier historia de costa oceánica. Todo eso inspira.
El dolor de los pulmones, la piel lisa, el frio horrendo, el calor mortal. No hay necesidad de estas porquerías, dije. Después prepare otra cuchara mágica, lo inserte en mis venas, olvide lo que había dicho, me ha besado de nuevo con su aliento asqueroso, me tiro por la venta y no sé más de mi.

S; sin nombre
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SONIA LÓPEZ
28 años
escribir y fotografiar
dormir y vivir...

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