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Cigarros y tú.


No sé. En algún tiempo fui “adicta” a la nicotina, cigarros por aquí y por allá, de todos, hasta mentolados, que hoy ya no tolero ni en la peor de las malillas, ya es pura curiosidad ese sabor raro de tabaco disfrazado. Recuerdo las cooperaciones exageradas para comprar una cajetilla y repartirlos equitativamente, al final tres cajetillas por semana en esa utópica forma de ver las cosas ya no funcionaba.
Dejar totalmente el cigarro tampoco es funcional, pues cuando unas cervezas entran en mi organismo mis dedos entran en una necesidad que no entiendo, algo tiene que estar en medio; la fijación oral ya la supere (o eso espero). Eso y las dos horas que estoy en cada clase que parecen cuatro que me hacen sentir ese cosquilleo entre mis dedos, mis pulmones no necesitan mas contaminación y sin embargo no falta a quien le pueda hurtar un cigarrillo, o tomarlo bien chinchamente por confianzuda (o empática, quién sabe).  Total siempre dejo unos milímetros antes de que llegue el filtro porque no me gusta ese sabor amargoso, ni el hedor agrio en la boca.
Cosa de que esto es una metáfora rebuscada de mi relación con la otredad.  Y una manera más de escribir de cualquier cosa antes de que importe lo demás.

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