martes, 21 de agosto de 2012
Beso en la boca, cosa del pasado.


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Decimos en voz alta nuestros pensamientos todos los días, muy pequeños todos; lo que sucede después es lo que puede ser grande; aunque lo grande y lo pequeño en el absoluto y en la nada son lo mismo. 
Si te pones a preguntarte el por qué y para qué de los días, otros pensamientos saldrán de tu cabeza explotando, casi como si el futuro del mundo se decidiera con cada idea que puedes tener acerca de él. 
¿Qué desayunare mañana? Y en un ¡bomb! Todo el pensamiento y/o o destinación (¿) que puedes tener acerca de ese día, aparece dentro de una desmesurada imaginación acerca del que será, cómo si este fuera mejor o con una condición prometedora, como si fuera cuestión de que al siguiente día te ira mejor. ¡Comerás para el desayuno uno de esos omelette gourmet!
Pasa que hasta de manera religiosa, que al pensar en ese día que estas viviendo, se convierte en años en desgracias venideras, se transforma en profundas otras cavilaciones de la vida misma y de la otredad imparable; se convierte en puñado de cosas que ya no recordaras el día siguiente, ese día prometedor en el futuro, en dónde llegas a estar satisfecho contigo mismo, con las cosas que tienes, con tu forma de ser y de actuar, de manejar el mundo y que este no te maneje. Ese día sin frustraciones, sin algún pensamiento detéstate hacia las personas, a ti mismo, a lo que los otros tienen y tú no, a lo que te  desagrada de ellos que con tan poco se conforman, a que eso tan frágil y aparentemente fortuito no es mas que la ilusión de sus vidas, tan sencillas tan adaptada a lo que quieren conseguir todos los demás, en sus cadenas de deber ser. Deber casarse, deber tener hijos, deber tener trabajo, deber de “ser responsable” contigo mismo. Las cosas te llevan a que debemos comportarnos de cierta forma como maquinas que obtienen los principios de la vida por el asentamiento, de ese día que pasó y en el que toda la vida se decidió. 
Será que me enamoro de otras ideas como distantes o ajenas a mí, para no caer en el aceleramiento de las ideas cercanas, será que uno siempre busca la responsabilidad hasta detrás de las cosas que se pueden disfrutar y que al menos yo sé son disfrutadas con mucha prisa, porque rechazamos lo extraño.  
La desinteresada vista hacia las cosas nos hace corresponder unos con otros, con todo el mundo y en todos los idiomas, de ser tan cerrados en obtener algo de la vida no estamos dejando a nosotros mismos entenderla. Luego aparece la noche, duermes porque el cuerpo / maquina te lo dicta en su cadena de deber ser. Pasa otro día y otras ideas y seguimos pensando en que las promesas de este nuevo día son mejores.


S; sin nombre
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SONIA LÓPEZ
28 años
escribir y fotografiar
dormir y vivir...

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