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Mostrando las entradas de junio, 2013

Abuelos.

Mis raíces.
Vienen de lejos.
Se unieron al mar y la arena.
Se descompusieron el devenir de olas.

Mis raíces saben lengua antigua,
saben y saben de campo,
son de  maíz morado,
y de insectos salados.

Mis raíces se desmoronan,
se contraen en la pobreza y el llanto,
vienen del cielo pegado a la cara
y del calor que reponde: piel morena.

Mis raíces están en otras tierras;
se llaman zapotecas.

Mis raíces viajan todos los días,
comen pan y chocolate
y una tortilla grande,
se asustan de la noche
y se divierten con fuegos artificiales.

Ms raíces se purifican tomando mezcal, del bueno.
Mis raíces no existen, no son como el tule,
no son de manta, ni de huarache.
Mis raíces son mías y están en mi sangre.

Como una canción de d-beat.

Quisiste destruir todo. Las cosas que te rodeaban, tus puños, tus huesos, tu cuerpo.    Estabas enojado. El estómago me lo dice a diario, desde hace un mes.
Hay cosas que no entiendo, hay vidas que no se merecen y hay personas que no podrían cambiar su destino aun si se les diera la oportunidad… aun si no hubiera un destino. Espere mucho tiempo para estar vacía. Espere tanto que cuando por fin obtengo ese desalojamiento, no resisto y quiero volver a sentir todo. Como una cachetada se siente caliente en la cara o como el palpitar de la piel cuando estas cerca de una persona amada. Quiero sentir todo, que no se me pase por alto nada, que ni el cuerpo sea un obstáculo para el goce efímero de la tierra y del agua y del fuego y del aire. Tantos años de sentimientos guardados me empujan desde un costado de mi cuerpo, me gritan, me hablan, me regañan, me insultan, son agresivos, impertinentes, groseros, asquerosos, abusivos, hipócritas, deshonestos. Son yo. Y me doy miedo. Me da miedo la…