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Otra vez, yo.

Hace un año –y porque lo escribí en el blog tengo una noción del tiempo- escribía acerca de lo que quería en/de mi vida sin esperar que algo de ello sucediera, porque como afirmaba en aquel entonces, dejo -aún- que la vida suceda, sin más. Es de mucha importancia para mí, recordar esto, por lo claro que a veces son mis pensamientos, aun temiendo en mi interior que un día no lo serán. Es por la cordura que hay dos partes en todo lo que se expresa por escrito, supongo.
El primera, es que me sorprende/fascina la vida. Antes los cambios me daban miedo, alguna especie de confort por lo establecido me tenía estática. Han pasado tantas cosas que ahora comprendo cómo es que realmente el tiempo deja de ser en la existencia. De alguna forma para mí, la iluminación no es un instante en dónde todo se revela, son procesos pequeños que se revelan como instantes que construyen el ser. Por ello, creo sentir una pasión por mí misma que nunca había sentido. Le llaman ‘crecer’, creo.
El segunda es que soy una persona que no sabe pedir ayuda, que quiere ser en todo momento independiente, que no sabe hacer amigos, a veces hasta misantrópica, molesta con lo que me rodea; un ejemplo de ello es cuando estoy ebria, la agresividad me revienta los nervios. Esto me llevo a entender que el común denominador el supuesto abandono de personas en mi vida, soy yo. Reconozco cuando me equivoco, cuando mi personalidad no le favorece a quienes han conseguido ganarse mi cariño y respeto, para eso no soy orgullosa.
Hablo de ambas cosas, porque el balance no se alcanza alejando lo ‘malo’, es respondiendo a ello con paciencia y trabajo únicamente individual de nuestra actitud ante lo que se nos presenta. No soy, ni quiero ser algo que demuestra perfección, éxito o ambición, como ese ideal que veo, venden de sí mismas las personas por todos lados a diario.
Parece, que quiero justificar mi manera de expresarme, pero la única que conozco en la que puedo ser sincera, es escribir. Escribir para mí y para quién a veces le importa leerme, por algo ha de ser y la verdad es que no es necesario que yo sepa si es por interés o por morbo.
A lo que quiero llegar, tal vez, es que la vida no es todo y al mismo tiempo es la única que tenemos para hacer las cosas, sobre todo para hacer lo que nos agrada y nos hace felices,  no hay una felicidad única para todos, cada quién se hace la suya según sus expectativas, gustos o cualidades particulares. A mi manera –escribiendo-, voy comprendiendo poco a poco lo que ‘soy’, porque sigue siendo lo mejor que me ha pasado. Con todo lo que disfruto y no disfruto, de la pinchi vida.

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