sábado, 2 de enero de 2016
Crónicas de pura consideración.


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Escrito para PunkRoutine fanzine de Monterrey/ CDMX
Agosto 2013

Hace unos cinco años un compañero de la universidad me invitaba con frecuencia a ver su banda tocar en distintos bares de la ciudad de Tijuana, en ese tiempo yo no conocía bien la ciudad, ni tenía muchos amigos; nunca pude asistir a una tocada, ni presenciar los inicios de lo que ahora conforma en cierto punto parte de mi vida. Fue en una ocasión de cervezas y soledad que mi compañero me presento al guitarrista de su banda, sin saberlo en ese momento, me enamoraría y con él ahora tengo una relación de más de tres años, pero, eso es punto y aparte.
El tiempo y mis ganas de trascenderme me introdujeron a un nuevo  terreno, que no desconocía, pero que de alguna forma nunca me llamo la atención, cuando muchos desde adolecentes precoces disfrutaron y tienen varios años de experiencia, a mí como en las drogas, el punk me llego de a putazo, mis impulsos en ese aspecto musical me llegaron tarde. Acá en Ensenada, el punk es puro destroy y no hacen nada más que talonear para el 50; no puedo criticar pero recuerdo y aún sucede, las bandas se clasifican en traseras/metaleras o de covers mal logrados, desde  Tocadiskos no ha salido nada productivo, ni nuevo; parece costumbre que los integrantes se rolen en distintos instrumentos y bandas, para de una sola hacer cinco bandas más, lo peor es que lo admiten.
Tijuana me dijo – ábrete: acá hay otra cosa- . Las tocadas ya no son iguales para mí y me interesan solo como espectadora, porque los promotores son arrogantes y creen que dominan el mundo y las grupies traen los tramos de cualquier otra morra “punk-rockera” que termina siendo hipster y bueno, para los vatos también aplica, aún parchados, creen que la vestimenta los define; la verdad que flojera como para interesarme en ser más que un ojo observante.
A mí me gusta la música, los ruidos, los empujones, las ganas de gritar y que puedas hacerlo sin que nadie te vea raro. Eso es todo. No presumo de saber, porque no lo sé. 
Lo que sí sé es cuando una banda va a tocar y empieza a hacerlo con todas las ganas, eso se siente, se mueve de distinta forma, mueve a los demás. Calafia Puta es una de esas bandas y claro que lo digo porque son mis amigos, me gusta lo que hacen, como lo hacen y aunque a veces no esté de acuerdo en como piensan o lo que dicen, siguen siendo ellos mismos y eso vale más que toda la diarrea verbal que me acabo de tirar en este escrito.
He visto la evolución de “los ca-Calafia” -así como la de los pokemones-, al principio eran rápidos/ fastidiados con rolas de menos de un minuto y no se entendía lo que Juan Carlos –el vocalista- gritaba como gatoloco en brama; sin embargo ya mostraban lo que acarreaban. 
PINCHI VATOS, lo lograron, gritando, tocando más fuerte y con menos vergüenza, los pantalones volaban y quedaban los puros calzones de JC. Luego, con fealdad, se notaba la poca versatilidad del bajista y el no-mucho pogreso de la segunda guitarra, los cambios se dejaron ver cuando ese güey se salió.
Sacaron rolas nuevas que sonaban más trabajadas con un poco más de duración, Ojos navaja, cautivo a un niño hardcore en el público y el vatillo se volvió el nuevo bajista que estaba buscando la banda, ese nuevo toque que necesitaba al salirse el anterior, llegó el “guapo” que las morritas podían zorrear –eso dicen ellos-. Ya todo tenía sentido, el ruido era uniforme y traía unos huevos bien marcados, aunque el baterista (el compañero que sin querer me introdujo a todo ese asunto) se andaba pasando de lonjas y ya no era tan rápido.
Llegaron los All My Friends y su festival menos under, la fiesta era la misma pero el horario chafa no permitió que más personas los conocieran, aunque sí estuvo su nombre llama atención en el cartel; a quién no le resalta PUTA a la vista. Después el Nrmal, que siendo lo que es, atrajo a mucha banda que le gusta lo diferente y hasta Trash Talk los notó, porque sí, se notan.
Hoy Calafia Puta están de gira, ya han estado en Hermosillo, San Luis, Guadalajara, Colima, D.F. y chingo más de lados junto con los otros compitas de DFMK, quienes también han ido progresando cada vez más y sonando cada vez más chingón –chingón, porque no hay otra palabra para definir su ruido-.  Agarraron una van los diez amigos estos, se fueron con una hielera y unos burritos que se acabaron el primer día de gira. En unos días regresan a contarnos como los trato el sur y cuentan las malas lenguas que, hubo de todo. Y ya haciendo el chisme acaban de grabar unas rolas nuevas que suenan como nos gustan, bien escandalosas.
Así es la vida amigos/desconocidos, uno aprende y grita más pinchi fuerte, así como Calafia Puta, mas es menos, están que arden y no traen nada.onicas

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SONIA LÓPEZ
28 años
escribir y fotografiar
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