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Poder de la violencia.

En los últimos años he querido deshacer mis concepciones  femeninas de mi cuerpo. Precisamente en estos meses he experimentado cambios muy drásticos sobre la percepción que tengo del concepto de mujer, desde la formación de nuestros cromosomas, hasta la ideología interna. Es por ello que manifiesto mi pensar. Manifiesto que no soy feminista, soy una humana que solo tiene la posibilidad de escribir acerca de lo que yo he cambiado en mí para existir de manera coherente con mi pensar, porque tengo solamente hermanas de vida y no de sangre y me duelen sus circunstacias.
Dejando de lado la imposición biológica, los sistemas doctrinales o sociales y de la teoría femenina que se acrecienta con rabia, noto que existe una imposibilidad para lograr la disminución del estigma que se plasma en el personaje de lo femenino.
La violencia es la carencia más grande que impide a cualquier humanx su desarrollo y no es ésta basada en circunstancias externas, en el caso de la mujer es desde dentro de la mujer la que incrementa su propia marginación, por sus acciones y permisivas.
Primero lo hace afirmando las distinciones y proponiendo estas como formas de autogestión que solo admite el confronta miento con lo contrario, pero no admite la conformación de un sistema regulado por los mismos derechos entre hombre y mujer, si no que postula a la mujer como principal motor social, que si en todas las culturas esto es cierto, en la mexicana principalmente no funciona como radicalidad sino como burla al matriarcado que nunca ha impuesto su supremacía  si no que actúa de manera natural desde su punto de partida y función, si vanagloriamos su fluir más bien lo estamos impidiendo, como quien para tener agua en vez de dejar el río correr, arma una represa.
Segundo, la radicalidad es necesaria, pero de manera interna, transformar es necesario pero en como nos relacionamos entre sí, porque existe un agravio muy poderoso entre las hembras que es la envidia, celos, rumores e insultos, por considerar inferiores a otras mujeres y hablar de ellas como si se conociera su historia de vida desde el nacimiento. Uno de los errores más histriónicos.
Tercero y lo más peligroso: el hombre abusador. Permitimos que exista la fuerza varonil que nos ataca, que nos impide desprendernos de la mala conformación y percepción de nuestro cuerpo. El hombre abusador golpea con puño cerrado y mira con ojo desconfiado lo que le agrada y no le agrada de la mujer. Permitimos de una manera brutal que este hombre nos imponga su dominación con el abuso a veces físico, a veces emocional, a veces en pseudo amor. Y no hay hombre más abusador que al que justificamos, al que le buscamos respuesta a su comportamiento, al que amamos o al que le permitimos que vuelva a repetir su comportamiento abusivo, repetir tanto que va a violentar a tu hermana, amiga, prima, vecina, sobrina, tía, madre, abuela…
La violencia es la carencia más grande que impide a las humanas su desarrollo, la violencia que permite que suceda en sus acciones permisivas; sin embargo, hay una violencia que es necesaria y que se utiliza para detener los patrones de daño que cada humano posee en su interior: la violencia de cambio. Esta es efectiva y radical, la violencia de cambio desde una misma, desde las entrañas que ya no permite el abuso, los golpes, la mala lengua, el maltrato emocional, la apariencia física estereotipada.
Violéntate pero tus ideas y percepciones, desde tu propia medida, cambio y naturaleza. No violentes a las otras y no permitas la violencia del hombre abusador contra ti.

https://www.youtube.com/playlist?list=PLxHyIoycLg8w3M9qci17ntcLnw9WiMPeU


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