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no olvides pasar a office depot

Desde el sueño de la cobra que anunciaba muchas otras cosas de las que hoy no hablare, se me olvidan los nombres de los hombres que se roban de mí el aliento; ese, sin nombre.
Olvido los rostros y figuras pero siempre, siempre, me quedo con todo su olor embarrado por mi cuerpo y más aún en mi cabello, mi cabello que se mese... Detesto el olor como he odiado todo últimamente.
Busco las palabras exactas para describir algo que sé mañana dejaré entre renglones por completo, como cuando rebobinas el cassette.
He encontrado el placer en oír lo que otros no pueden, he encontrado placer ya no el acto si no en el mediar de el acto, y he visto en los ojos de aquél individuo mi inexistencia.
No estoy haciendo nada de mí o conmigo, mi caminar no se dirige a ningún lado, mis pasos no tienen significado, ni sentido, ni símbolo. Si se rompe el espejo ya no representa nada, si me cae un trueno es porque soy parte de una estadística, si me muero es porque hay un dios y si no es porque tengo que seguir aprendiendo a respirar.
No leí, no hable, no conduje, bebí y fume mucho sin embargo y todo es mejor, menos solido, siempre liquido y con ganas de más.
Hoy hasta dos veces me sirvo, pero nunca comparto vaso, para abreviar. Sigo riéndome, más que nunca, como nunca, pero nunca sincero porque para eso habría que dejar que los que se murieran fueran otros.
Lo pienso como pienso todo tantas veces, muchas veces y luego descubro que realmente nunca he tenido un olor mío.

¿Y mi nombre?
Sigo sin encontrarlo, porque no lo estoy buscando.

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