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Y no estoy mareada:

La espiral mal tatuada en el lado izquierdo de mi espalda, me grita con frecuencia.
Todo gira, me dice, y yo le creo.
No creo muchas cosas, mucho menos creo en las personas. Pero si le creo a la línea negruzca que se enrosca en mi piel.
Pudiera explicar mil veces todo lo que siento. No lo hago porque no hay quién me escuche, así que prefiero vivir para mí, que en mi cabeza.
Todo gira.
Un día viví a través de la sonrisa del primer hombre a quien he amado. Al otro, la tierra decide regresar a su vientre a un familiar que apenas frecuentaba; como duele la ausencia.
Todo gira.
Me embriago de aire cada que puedo. Me enveneno, no para querer morir, si no para vivir con más interés las vueltas de la vida.
Es irónico pensar en aquellos que desperdician sus capacidades por vicios o costumbres empobrecidas.
Yo que quiero quemar el mundo entero usos esos vicios para detenerme. Mi costado derecho punza cada que me reprimo. Le llaman gastritis pero yo sé que es algo más.
Todo gira.
Ya no escribo tanto porque cada letra parece tatuada como la espiral en mi espalda, pero en todo mi cuerpo. Escribir también es reencarnar.
Ya no sé si reír, ya no sé si hablar, ya no sé si debo o no sentir o pensar. El verbo lo hace todo, la palabra y la lengua de víbora que come su cola.
Todo gira.
Repetiré tres veces: Ningún conjuro de bruja es igual de otra.

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