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reafirmación de la nada.

Si lo recapacitas con cuidado, puedes volver a vivir las cosas mil y un veces, hasta más, como lo desees. Pero las personas, oscuramente le llama memoria. Como si algo se guardara, se depositara en un lugar para no volver a utilizarlo.
Le llamamos tiempo a la sensación de recordar y pensar que no se vive lo que se sabe cómo suyo – el recuerdo-. Luego reaparece una presencia corpórea que llamamos presente, como si efectuase un pequeño subrayado sobre una hoja en blanco, aparecerá algo en la hoja en blanco aunque nadie haya escrito nada, no es eso presencia.
Es un mal estar, como de salud, pero mental, de conciencia. La perpetua vela, nunca se apaga. Pero el fuego solo crece y decrece, como la sístole o diástole, el corazón siempre se detiene, si no, no vive. La pausa es un silencio en términos armónicos, y el silencio no es más que la reafirmación de la nada.
Qué cosa no se oye, dirás, aún el árbol tiene un sonido, de árbol, lo estas oyendo ahora mismo, y piensas que es solo un recuerdo aunque lo estés oyendo en ti y todo lo tuyo.
Veo la caja y ahí no suena nada, más que el recuerdo de tocarla y una sensación característica del cartón. Todo, en apariencia, no fuera. Sin embargo, están las cosas ahí, dirás.
No son ni están, las recuerdas, creas una imagen de la palabra cartón y la asociadas con la imagen de la caja cuadrada, dirán. Mira, sabrás que las cosas por si mismas son, solas, puedo notarlas, o no, son autónomas de mí, no las creo yo, se crean a sí mismas, como todo lo que existe y si decidieran no ser, pues no las verías.
Entonces, ver es lo que importa; verte a ti mismo, sí. Otra cosa no puede ser porque las cosas cuando las ves imploran, sabes que es un color, sabes que es una forma, pero no sabes qué es la caja, si la ves, si recapacitas con cuidado.

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