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No te aburre, pensar igual que los demás.

La edad asecha a los consciencias torpes que se determinan por el debería y no por el quisiera.  Nosotros decidimos como crear nuestras vidas juntos. A veces decido de tal forma que no todo lo que se construye resulta ideal, en el sentido de que termina siendo un consecuencia negativa para cualquiera de los involucrados. Las personas de las que decido rodearme si bien en un momento tienen su funcionalidad en otros, no sé si por mi empatía desvariada o mi forma tosca de ser, se pierden como cuando pierdes un objeto efímero: un botón, cincuenta centavos.
Pienso en todos ellos, en su mayoría hombres, siempre ha sido así, desde que recuerdo, me rodeo de varones porque me permite una mejor relación, sin esas fracturas sentimentales que poseen todas las mujeres. Eso me ha permitido tener esa ambivalencia entre los géneros que hasta muy tarde aprendí a comprender y que me causa una sensación placentera no verme dentro de los sistemas emocionales, instrumentales femeninos.
Hay veces que realmente me causa un desagrado el comportamiento, códigos éticos y maneras en que funcionamos como “mujeres”, generalmente son las personas que me terminan decepcionando, causando situaciones desagradables o me cuestionan en cuanto al afecto que brindo a los otros seres vivos. Me discuto internamente por esto, aquello del debería, sigo insistiéndome en que sería agradable tener hijos o casarme o idealizar todas esas pautas que supuestamente son aceptables, por ejemplo; sin embargo las contradicciones de estos actos “comunes” en todos los humanos de igual manera me hacen crear formas alternativas de ideología y pensamiento que no voy a definir en un contexto o aplicación social, como ahora se determinan muchas mujeres como feministas, pero este sistema de pensamiento tiende como en la religión a ser creador de opuestos que se determinan desde un mismo concepto, ateos y cristianos son lo mismo.
Ahora habría que inventar nuevas formas de relación, de discusión, de presentar los conceptos, lo mismo pensaba hace algunos años cuando hablaba de la legalización de la marihuana como una posibilidad, muchas caras raras y gestos amorfos se me presentaron, en esos momentos en California aún no se aprobaban las leyes que ahora rigen muchos de los contratos sociales para los consumidores, y bueno el capitalismo tiende a absorber todo tipo de cuestionamientos relacionados con el consumir, así, consumimos feminismo, cada quien lo viste, lo ideologiza, lo impone y lo determina, a partir del consumo que le va mejor, esto sigue siendo un apego a lo material y si lo material es efímero para que tanta defensa, es como si defendieras tu celular, tu televisión o tu computadora; que muchos lo hacen o ponte a pensar en que defiendes como tuyo, como tu identidad.
Sigo pensando en la violencia de cambio, que necesitamos violentar, no lo que nos parece ajeno si no que lo que tenemos como propio, violentar hasta las células para transformar las necesidades biológicas que imponen ciertos tipos de comportamientos, violentar las neuronas que nos provocar satisfacción en ciertos actos y desdén en otros, violentar la mentalidad atrofiada en que crecimos los hijos de los noventa, llenos de todo material y faltos de arma espiritual, esto último solo por el hecho de que nos dejamos llevar por la corriente y la tendencia, se extingue y vuelve a consumirse, nada nos pertenece porque no sentimos la necesidad de identidad si no de correspondencia, copiar y pegar todo lo que nos parece y rechazar aquello que no se parece.
Y que es loq ue define nuestra era entonces:  ser xenofóbicos en el siglo XXI

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